23.1.08

Legado


Un televisor. Y en la pantalla la imagen parpadeante de una presentadora. Últimamente no funciona demasiado bien y la imagen tarda unos minutos en verse con claridad. Hace semanas que sólo hablan de lo mismo. Incendios imposibles de apagar, edificios aparentemente indestructibles derribados y con ellos todo lo que hubiera en su interior, comunicaciones cortadas que empiezan a restablecerse, y por encima de todo el recuento. Cadáveres que no dejan de aparecer. Cada día. Cientos, miles, nadie sabe ya cuantos son y nadie quiere imaginar los que aún quedan.



Al principio nadie se había dado cuenta de la magnitud de lo que había pasado. Nadie quería verlo. Nadie quería aceptarlo. Pero la verdad acabó imponiéndose.


Tardaron unos días en comprender lo que había pasado. Tardaron unas semanas en comprender cómo había pasado. Y desde entonces la único que se puede en televisión son imágenes de la destrucción mientras se oye cómo una voz lee fragmentos de una carta.


“Se supone que esto es una declaración de intenciones. Bueno no sé, yo diría que es tan sólo un intento de justificarme, aunque de todas formas no siento la necesidad de hacerlo, pero lo voy a hacer. Quiero que cuando todo haya pasado no existan dudas de mis motivaciones.
He pensado mucho en ello. No es una decisión tomada en un momento de enajenación, está muy meditada. He pensado en todas las consecuencias que tendrá y me parecen aceptables. Sé que a ojos de los demás no lo serán. Pero entonces ya no será mi problema”


Las primeras frases de lo que acaba descubriéndose como al anuncio de una devastación de inimaginables consecuencias.


“Ha llegado un punto en que la hipocresía de esta sociedad que nosotros mismos hemos creado está comiéndoselo todo. Todos moviéndonos al unísono, como robots. Tenemos un cerebro que hemos desconectado. Para que utilizarlo pudiéndonos dejar llevar por la corriente. Pues he decidido utilizar la masa cerebral con la que he sido agraciado para algo más que para almacenar los conocimientos que está establecido que debo poseer. Voy a romper las reglas. Voy a hacer que todo se tambalee, los valores, la moralidad y cada maldito pensamiento”


Cada una de esas palabras está marcada a fuego en el cerebro de los que aún siguen. Han visto tantas imágenes de destrucción que ya son capaces de sentir lo mismo que cuando lo vieron por primera vez. Esa incredulidad del que preferiría ignorar lo que está viendo ha desaparecido. Ya casi no son capaces de recordar como eran las cosas antes. Este es su mundo. Su nuevo mundo.


“Voy a dar la oportunidad al mundo de crear una nueva sociedad, una sociedad mejor, una sociedad ecuánime. Y la única forma es destruyendo la existente empezando por los que dirigen el mundo. Sin ellos la humanidad será capaz de crear un sistema que nos permita a todos avanzar. Voy a darles la oportunidad de volver a empezar. Mi legado para todos ellos será esta carta. Será este nuevo comienzo”



Años después aún no hemos conseguido crear la sociedad ideal que debíamos crear con esta nueva oportunidad. Hemos vuelto a caer en los mismos errores. Volvimos a elegir a nuestros líderes. Los que debían dirigirnos, a los que íbamos a seguir en todo el camino. Nuestra luz en la oscuridad. Pero el poder acaba con las buenas intenciones. El poder corrompió a los que debían construir nuestro nuevo mundo. La sociedad utópica que se suponía que debíamos crear se evaporó cuando alguien tuvo suficiente poder en sus manos.